Estudios

“Un ejercicio que nos ayudará a conocer respuestas, a saber quiénes somos, a dar naturalidad a este proceso”

Respuestas de preguntas que nos han llevado de reflexión en reflexión. Hora y media han sido suficientes para conocer a Elvira C. García Vidales (San Sebastián, 1986), Técnica Superior en Integración Social y Licenciada en Humanidades: Comunicación. Una joven con carácter colaborativo, optimista y ganas de cambiar el futuro de la sociedad (sin olvidar el pasado y el presente), que nos presenta una nueva iniciativa del Consejo de la Juventud de Euskadi (EGK): una plataforma que aúna a diversas asociaciones juveniles que trabajan en favor de los derechos e intereses de la juventud.

EGK elvira c. garcía vidales

¿Qué relación existe, si es que la hay, entre las dos modalidades por las que te has decantado en tu carrera profesional?

Existe una relación absoluta: tanto desde lo que significa para mí el trabajo, como desde el significado que le doy al trabajo a nivel social. Para mí, el trabajo a nivel social significa contribuir constructivamente a la sociedad a la que perteneces. Desde pequeña he tenido esa inclinación, siempre he querido trabajar contribuyendo a la sociedad, pero no sabía cómo. Por eso comencé estudiando el Ciclo de Integración Social. Me pareció muy interesante, pero no era suficiente.

Creía que Humanidades: Comunicación combinaba dos ámbitos que me gustaban y que no se me daban del todo mal. Es justamente ahí donde encontré el sentido del trabajo para mí: el de entender al ser humano en su complejidad (como especie) y, también, la necesidad de entenderme a mí como individuo y como individuo dentro de una sociedad, una realidad. De esa manera opino que se puede contribuir mejor, si cabe, a construir una sociedad mejor. Para mí lo más importante es que cualquier proyecto sea lo más humano posible, y la comunicación en ese proceso es el medio, no el fin. El fin serían las Humanidades.

Se dice que los años de la Universidad son los que te marcan para toda la vida. ¿Estás de acuerdo?

Absolutamente. La vida universitaria es una experiencia transformadora, primero, porque la eliges; y segundo, porque es el proceso hacia la madurez. Estás en un tránsito que todavía no sabes ni quién eres ni qué quieres, y en la universidad empiezas a unir tu vida personal con la profesional, unes lo que eras con lo que de verdad quieres ser. La época de la universidad fue clave en mi vida. Empecé la licenciatura con 21 años y al principio pensaba que era un hándicap. Pero después me di cuenta que el haber empezado la carrera más tarde era un valor imprescindible: tenía más experiencia y había elegido lo que realmente quería estudiar. Era la carrera de mi vida. Además de disfrutar de las asignaturas y del profesorado, tuve la oportunidad de conocer la vida universitaria. Aquí, descubrí que las inquietudes podían ir más allá de las individuales; encontré a gente con la que pude hacer teatro, asistir a charlas o debates… incluso organizarlos.

Entraste a la universidad habiendo estudiado anteriormente algo muy específico. ¿Cuál era tu punto de vista sobre la comunicación antes de comenzar tus estudios?

Sabía que la comunicación era importante. Siempre he tenido la necesidad de comunicarme de formas distintas: la escritura o el teatro me ayudaban a la hora de profundizar en mi vida interior y exterior. Y aun así, no tenía muy bien definido lo que era la comunicación.

¿Y después?

Cuando terminé la carrera me di cuenta que la comunicación no era algo importante, sino algo básico e imprescindible a todos los niveles. A nivel profesional es el valor trasversal a potenciar independientemente de la profesión o el sector laboral al que te dediques. Creo que la clave de comunicarse adecuadamente puede hacer que algo que hayas hecho “a la perfección” triunfe o fracase ante los demás. Y en la vida personal, te ayuda a desarrollar la capacidad de ver cómo te puedes entender con el otro y mantener una conversación más adecuada.

No sólo hemos venido a hablar sobre tu vida universitaria, tienes algo interesante que contarnos. Actualmente ejerces como técnica del Consejo de Juventud de Euskadi (EGK). ¿Qué es?

Es un organismo que está compuesto por distintas asociaciones juveniles y nace con la intención de intentar trasladar a las instituciones públicas y al resto de la sociedad, cuáles son nuestras preocupaciones, necesidades, intereses, problemas… Y de esta manera incidir en las políticas públicas que se hacen para la juventud, intentado que sean más participativas. Trabajamos por ser considerados como otro agente con influencia política y social.

Así, dentro de EGK abordamos distintas líneas de trabajo: el empleo, la vivienda, los procesos participativos, la igualdad, la educación formal y la no informal, y la paz y la convivencia.

Tu área es la de paz y convivencia, ¿cómo describirías tu trabajo?

Venimos de un pasado en el que la violencia política ejercida por diferentes agentes condicionaba una realidad en la que resultaba imposible conversar y expresarse ni a nivel ideológico ni a nivel emocional con naturalidad. Hemos vivido en un contexto de mucha desconfianza, miedo, silencio y en círculos muy cerrados; y todo eso hay que ir diluyéndolo. Por ello, nuestro trabajo se centra en que la juventud reflexionemos, entendamos, venzamos y reconstruyamos todo aquello. Nuestro objetivo general es que las personas jóvenes nos sintamos partícipes en este momento histórico que estamos viviendo y nos dotemos de las herramientas suficientes para no repetir escenarios traumáticos pasados.

Supongo que no será nada fácil llegar a la juventud… ¿Qué estrategias comunicativas utilizáis para ello?

Llegar es muy complicado. Lo primero, debemos asumir los impedimentos con los que nos vamos a encontrar: la oferta masiva de actividades, la dificultad de llegar a los medios de comunicación, el valor intocable de nuestro tiempo libre, el pasotismo o la vagancia, el fatalismo, la desconfianza que genera el desconocimiento… Ante este escenario me decanto por intentar salir de los formatos más habituales; replantear los títulos de las actividades que elaboramos, hacerlas originales y apostar por vías comunicativas alternativas como la comunicación directa.

El Gobierno Vasco desarrollará próximamente la campaña de participación ‘Plaza de la Memoria’. ¿A qué se debe?

Se va a poner en marcha, en octubre, el Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos. El objeto de la iniciativa ‘Plaza de la Memoria’ es hacer partícipes a todas las personas de la Comunidad Autónoma Vasca (CAV) de la construcción de nuestra memoria colectiva: un tejido imprescindible que le da sentido o identidad a una sociedad. Queremos recabar el máximo de testimonios posibles para formar nuestra memoria colectiva a partir de las diferentes memorias particulares existentes, que independientemente de lo contado, todas tienen un valor incalculable. Cuantas más partes conozcamos, más completa será nuestra visión, más completa podrá ser nuestra reflexión y más completa será nuestra interpretación.

La campaña contará con una previa actividad por parte de EGK, ¿no es así?

Antes de realizar la campaña dirigida a toda la sociedad, se hará una precampaña para involucrar a la gente joven e incentivarle a que mantenga un diálogo con las personas mayores de su entorno, ya sean abuelo/as, padres/madres, tío/as, vecino/as, amigo/as… cuyas historias relacionadas con la Guerra Civil, el Franquismo, la Transición, el terrorismo de ETA, la violencia policial, los entornos difíciles, la convivencia entre el euskera y el castellano, etc. son muy importantes para vencer los silencios y llenar nuestros huecos del presente. Después de conversar sobre dichos temas, la idea es grabar un vídeo de dos minutos para subirlo a la web pública www.boluntarioenbideoak.com que pertenecerá al Instituto de la Memoria.

Al ser vídeos que estarán al alcance de todo el público, puede que la gente se eche para atrás a la hora de participar. ¿Es necesario identificarse?

Somos conscientes de que es algo complicado porque el pasado no queda tan lejos, incluso para algunos sigue siendo un presente muy presente. En la sociedad vasca queda todavía mucho por vencer y por ello, es lógico que haya miedo y desconfianza, pero invito a que cada individuo intente compartir lo que quiera. Creo que es un ejercicio muy interesante. Un ejercicio que nos ayudará a todos a conocer respuestas, a saber quiénes somos colectivamente e individualmente, a dar naturalidad a este proceso. Como dijo Saramago: “somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir”.

¿Cómo convencerías a aquellos/as jóvenes que están leyendo esta entrevista, les ha picado la curiosidad de participar como reportero/as o voluntario/as, pero aún tienen dudas?

Yo creo que no tengo que convencer a nadie. Intentar convencer a las personas no sirve de nada, hay que intentar que reflexionen. Si yo a lo largo de esta entrevista no he conseguido que una persona tenga ganas de participar, de hablar con las personas mayores de su entorno, que tenga interés en la construcción de su memoria colectiva, que le apetezca investigar en sí mismo, ¿qué voy a conseguir en la última pregunta?

Para más información, consulta el documento Memoriaren Plaza de la Memoria.

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