Investigación y transferencia

Una tarde con Eduardo Galeano en Loiola Centrum

Galeano era una de esas personas que con cualquier palabra que pronunciaba encandilaba al que tenía en frente. Su verbo era prodigioso y la profundidad de su mensaje calaba en lo más hondo de su público. Era irónico y agudo hasta el límite y sus propuestas, muy críticas con los más poderosos. Atravesó su época dorada en la lucha por la justicia en Latinoamérica y vivió perseguido por las dictaduras uruguaya y argentina, donde era considerado un líder. Precisamente en este país encontró su último amor, el de Helena Villagra, viuda de un político peronista asesinado, amigo de los dos.

Eduardo Galeano durante su intervención en Loiola Centrum

Eduardo Galeano durante su intervención en Loiola Centrum

En el mundo se le reconocerá por su obra estandarte “Las venas abiertas de América Latina”, que calificó de tratado de economía política y que confesó que no volvería a leer porque suponía una etapa superada. Pero en 2009 el presidente venezolano Chávez regaló un ejemplar a Obama aunque Galeano reconoció que seguramente ni uno ni otro habrían entendido el verdadero sentido de aquel libro. También nos quedamos con otras obras como “Memoria de fuego”, “El libro de los abrazos” o “Patas arriba: la escuela del mundo al revés” que fueron guía e inspiración de varias generaciones y utopía a la que agarrarse a la hora de tejer horizontes.

Este breve recuerdo del escritor uruguayo me retrotrae a la visita que realizó a nuestro campus de la Universidad de Deusto en Donostia la soleada tarde del 31 de mayo de 2012. Fue en el acto de presentación de su nuevo libro, “Los hijos de los días” que se organizó en Loiola Centrum junto a Donostia Kultura en el marco del ciclo Literaktum. El público abarrotaba la sala una hora antes de su inicio -como yo nunca antes la había visto- y tras finalizar la lectura de algunos fragmentos de su obra, Galeano, que había acudido junto a Helena Villagra, permaneció largo rato firmando libros a los asistentes, muchos de ellos entre lágrimas. Su intervención fue deliciosa y repleta de guiños a la actualidad y al lugar que le acogía. El posterior paseo hasta el anochecer por nuestra ciudad mientras los viandantes le detenían por la calle nos permitió encontrar al Galeano más humano, más cercano y más inolvidable.

Hoy lunes 13 de abril de 2015 se ha comunicado la muerte de Eduardo Galeano en Montevideo. Sirvan estas líneas de homenaje de todos aquellos a los que sus palabras y sus silencios nos han empujado a creer durante décadas en la idea, hoy más universal que nunca, de que otro mundo es posible.

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